La invención de Brasilia
Horacio Shawn-Pérez La elección de una capital suele parecer natural. En muchos países, la ciudad capital coincide con el principal centro demográfico, económico o histórico. En Corea del Sur, por ejemplo, Seúl cumple esas tres funciones al mismo tiempo; en Japón, Tokio concentra la vida financiera y política; en Italia, Roma funciona como archivo viviente de la historia nacional. Incluso cuando la decisión responde a compromisos políticos más que a una lógica urbana evidente (como ocurrió con Washington, D.C., fundada a fines del siglo XVIII como distrito federal deliberadamente separado de los estados), la ciudad elegida suele tener una relación reconocible con el país que gobierna. Sin embargo, existe otra tradición menos intuitiva: la de construir capitales desde cero. En estos casos, la capital no refleja la nación tal como es, sino como se imagina que debería ser. Las ciudades planificadas se convierten así en instrumentos de política territorial y en artefactos simbólicos. E...