El lodo importa
Matthew Wills “El mundo es una delicia de lodo”, escribió E. E. Cummings, y eso no era ni la mitad de la historia. La vida tal como la conocemos depende del lodo. El Día Internacional del Lodo, una iniciativa para que los niños salgan al aire libre y se conecten más con la Tierra, debería ser una celebración para todos. Porque sin el lodo, o más precisamente, sin los microbios que se encuentran en los sedimentos fangosos “en estanques, lagos, pantanos, marismas, estuarios y océanos de todo el mundo”, como lo expresa el ecólogo bentónico marino Stephen S. Hale, estaríamos en un aprieto terrible (y sin un hogar en la Tierra). En 1970, año del primer Día de la Tierra, el ecólogo Edward Deevey escribió que “el lodo, hábitat esencial de ciertos microorganismos fundamentales, es tan importante como el agua para la economía de este planeta”. No exageraba. Medio siglo después, al comentar el trabajo de Deevey, Hale escribe: “Las razones por las que los hábitats fangosos son cruciales par...