Luz, miedo y el orden urbano del siglo XXI
Horacio Shawn-Pérez Hay una forma peculiar de injusticia que no figura en los códigos penales ni en los informes de derechos humanos: la oscuridad municipal. Esa penumbra sistemática que cae sobre ciertos barrios cuando bajan los fondos, cuando cambian las prioridades presupuestarias, cuando la ciudad decide sin necesidad de declararlo que algunos vecindarios merecen menos visibilidad que otros. No hay ningún decreto que diga que las esquinas del sur quedarán en sombras mientras el centro reluce bajo LEDs de última generación. Pero el resultado es el mismo. La luz, como el pavimento, como el transporte, como los árboles en las veredas, es infraestructura política. Durante décadas, la criminología mainstream ofreció una respuesta casi exclusivamente punitiva a la pregunta sobre cómo hacer las ciudades más seguras: más policías, más arrestos, más cárceles. Esa lógica atravesó el siglo XX y llegó intacta al XXI, financiando sistemas de vigilancia masiva, militarizando fuerzas de segur...