Mejorar los coches autónomos con habilidades humanas
Pablo Hernández Cámara Universidad de Valencia Conducir por una carretera de montaña y que, de repente, nos envuelva una niebla densa es una situación de máxima tensión. Automáticamente, agudizamos la vista, entrecerramos los ojos para distinguir a los otros coches. Los seres humanos somos muy buenos gestionando estos cambios. Sin embargo, para la inteligencia artificial que guía a los coches autónomos actuales, esta misma escena puede ser una pesadilla. Hoy en día, los sistemas de inteligencia artificial de visión son extremadamente precisos en buenas condiciones. Un coche autónomo puede reconocer peatones, señales y otros vehículos con una gran precisión en un día soleado. Pero tienen un grave problema: son muy frágiles ante los cambios ambientales. Si cae la noche, llueve o aparece la niebla, las imágenes cambian drásticamente. Las inteligencias artificiales estándar, a menudo, se vuelven ciegas ante estas variaciones, incapaces de detectar obstáculos que un conductor human...