Terremotos en tiempos de IA


Alexandra Witze

Cuando el mayor terremoto en más de una década sacudió en julio la remota península de Kamchatka, en Rusia, los sismólogos de todo el mundo se enteraron en cuestión de segundos. Tanto si se trata de sismos grandes como pequeños, los sensores repartidos por todo el mundo detectan las sacudidas y transmiten esa información a los investigadores, que analizan rápidamente las observaciones y emiten alertas.

Ahora, la inteligencia artificial está a punto de acelerar casi todo lo relacionado con la investigación sísmica y de reescribir la comprensión que tienen los investigadores sobre cómo se producen los terremotos.

Mediante el uso de una subdisciplina de la IA llamada aprendizaje automático, algunos científicos están identificando hasta millones de pequeños sismos, antes invisibles, en los datos recopilados de lugares sísmicamente activos. Estas nuevas y mejoradas bases de datos están ayudando a los investigadores a comprender mejor las fallas geológicas a lo largo de las cuales se producen los simos, y pueden ayudar a esclarecer los riesgos de futuros terremotos. Algunos científicos incluso están utilizando el aprendizaje automático para mejorar sus previsiones sobre el número de réplicas que pueden sacudir un lugar que acaba de sufrir un terremoto grande y destructivo.

En términos más generales, los investigadores esperan que el aprendizaje automático, con su capacidad para procesar enormes cantidades de información y aprender de los patrones que contiene, revele nuevos conocimientos sobre algunos de los mayores misterios de los terremotos, como, por ejemplo, cómo se desarrolla un sismo en sus primeros y devastadores segundos.

“El aprendizaje automático ha abierto una ventana completamente nueva”, afirma Mostafa Mousavi, sismólogo de la Universidad de Harvard.

 

Tierra que tiembla, datos explosivos

Los terremotos se producen cuando se acumula tensión geológica en el suelo, como cuando dos placas de la corteza terrestre se rozan entre sí, como ocurre en la falla de San Andrés, en California. En algún momento, la tensión alcanza un umbral crítico y la falla se rompe, fracturando la roca y provocando que la energía sísmica se propague hacia el exterior y sacuda el suelo.

Esa energía es registrada por sismógrafos y otros instrumentos en todo el mundo, que se encuentran en gran número en zonas geológicamente activas como California y Japón. Los datos se introducen en sistemas nacionales e internacionales para rastrear los sismos y alertar al mundo. La cantidad de datos se ha disparado en los últimos años, ya que los sismólogos han encontrado nuevas formas de recopilar información sobre los movimientos del suelo, como la detección de señales sísmicas a través de redes de fibra óptica o el uso de los acelerómetros integrados en los teléfonos inteligentes para crear una red de alerta de terremotos basada en teléfonos.

Hace solo una o dos décadas, gran parte del análisis de las señales sísmicas se realizaba a mano, y los científicos trabajaban lo más rápido posible para evaluar los registros que llegaban de sus redes de observación. Pero hoy en día hay demasiados puntos de datos. “Ahora, la única forma —casi— de manejar los datos sísmicos es recurrir al procesamiento automático”, afirma Mousavi, coautor de un artículo de 2023 en el Annual Review of Earth and Planetary Sciences sobre el aprendizaje automático en la sismología.

Uno de los usos más comunes del aprendizaje automático en sismología es la medición del tiempo de llegada de las ondas sísmicas a un lugar concreto, un proceso conocido como selección de fases. Los movimientos telúricos generan dos tipos de ondas sísmicas, conocidas como ondas P y S, que afectan al suelo de diferentes maneras y se muestran como diferentes tipos de garabatos en un sismograma. En el pasado, un sismólogo analizaba los datos que llegaban de los sensores sísmicos y seleccionaba manualmente lo que consideraba el inicio de las ondas P o S en esos gráficos sismográficos. Seleccionar el inicio de esas ondas con precisión y exactitud es importante para comprender factores como el lugar exacto en el que se produjo el sismo. Pero la selección de fases requiere mucho tiempo.

En los últimos años, los sismólogos han estado utilizando algoritmos de aprendizaje automático para seleccionar las fases sísmicas mucho más rápido de lo que puede hacerlo un ser humano. Existen varios métodos automatizados que pueden realizar la selección de fases, pero los algoritmos de aprendizaje automático, que han sido entrenados con grandes volúmenes de datos sobre terremotos pasados, pueden identificar una amplia variedad de señales de diferentes tipos de temblores de una manera que antes no era posible. Esta práctica es ahora tan habitual que el término “aprendizaje automático” ya no aparece en los títulos de los artículos de investigación, afirma Mousavi. “Por defecto, todo el mundo lo sabe”.

La selección de fases basada en la IA es más rápida que la selección de fases realizada por humanos y al menos igual de precisa, afirma Mousavi. Los sismólogos están trabajando ahora para ampliar estas herramientas a otros tipos de análisis sísmicos.

 

Ampliación de los catálogos de sismos

Un área en la que ya se han producido grandes descubrimientos es el uso del aprendizaje automático para ampliar los catálogos de sismos, que son básicamente listas de los movimientos telúricos que se han producido en una región concreta. Los catálogos de sismos incluyen todos los temblores que los sismólogos pueden identificar a partir de las señales registradas, pero la IA puede encontrar exponencialmente más temblores que los científicos humanos.

Básicamente, el aprendizaje automático puede rastrear los datos para identificar pequeños temblores que las personas no tienen la capacidad o el tiempo para señalar. “O bien no se ven a simple vista, o bien no hay tiempo para ir a observar todos esos pequeños eventos”, afirma Leila Mizrahi, sismóloga del Servicio Sismológico Suizo de la ETH Zürich. A menudo, estos temblores quedan ocultos por el ruido de fondo de los datos.

En un estudio pionero publicado en 2019 en Science, los investigadores utilizaron un algoritmo de inteligencia artificial que comparaba los patrones de las ondas sísmicas para identificar más de 1,5 millones de pequeños sismos que se produjeron en el sur de California entre 2008 y 2017, pero que no se habían detectado anteriormente. Se trata de temblores minúsculos que la mayoría de la gente no sentiría ni siquiera si estuviera encima de ellos. Pero saber que existen es importante para ayudar a los sismólogos a comprender los patrones de comportamiento a lo largo de una falla geológica.

En particular, dice Mousavi, los pequeños temblores son importantes como ventana para comprender cómo se originan los terremotos más grandes. Los grandes terremotos pueden producirse a lo largo de una falla concreta una vez cada siglo o más, un periodo demasiado largo para que los científicos puedan observarlos y comprender el proceso de ruptura. Los pequeños temblores se comportan de forma muy similar a los grandes, pero se producen con mucha más frecuencia. Por lo tanto, estudiar el patrón de los pequeños temblores en los catálogos de sismos recientemente ampliados podría ayudar a los científicos a comprender mejor qué es lo que lo provoca todo. De este modo, los catálogos más completos “tienen el potencial de ayudarnos a comprender y modelar mejor el riesgo sísmico”, afirma Mousavi.

Los catálogos de sismos ampliados también pueden arrojar mucha más luz que antes sobre la estructura de las fallas geológicas que se encuentran debajo de una región. Es como pasar de un boceto simplista de la disposición de las fallas a una pintura con detalles más fotorrealistas. En 2022, un equipo dirigido por el sismólogo Yongsoo Park, entonces en la Universidad de Stanford, utilizó el aprendizaje automático para crear un catálogo ampliado de sismos en Oklahoma y Kansas entre 2010 y 2019, muchos de ellos inducidos por empresas petroleras y extractoras de gas que inyectaban aguas residuales en el suelo. El trabajo sacó a la luz estructuras de fallas que antes no eran visibles, lo que permitió a los científicos cartografiar las fallas con mayor precisión y comprender mejor el riesgo sísmico.

Park y sus colegas demostraron que el 80% de los sismos más grandes que se produjeron podrían haberse anticipado basándose en los temblores más pequeños que ocurrieron antes de los grandes. “Siempre existe la posibilidad de que el próximo gran terremoto se produzca en una falla que aún no se ha cartografiado”, afirma Park, que ahora trabaja en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México. “El registro sistemático de los temblores más pequeños podría revelar esas fallas ocultas antes de que se produzca un gran terremoto”.

Los científicos están aplicando este enfoque en todo el mundo. Por ejemplo, investigadores de Taiwán utilizaron recientemente el aprendizaje automático para elaborar un catálogo más detallado de un terremoto de magnitud 7,3, ocurrido en abril de 2024, que causó la muerte de al menos 18 personas en la isla y dañó cientos de edificios. El estudio, presentado en una reunión de sismología en abril de 2025, reveló que el catálogo basado en la inteligencia artificial era aproximadamente cinco veces más completo que el elaborado por analistas humanos, y se elaboró en un día en lugar de en meses. Reveló nuevos detalles sobre la ubicación y la orientación de las fallas geológicas, información que puede ayudar a las autoridades a prepararse mejor para los movimientos del suelo en futuros terremotos. Estos catálogos “se convertirán en la norma en todas las regiones propensas a los terremotos en el futuro”, afirma el líder del equipo y sismólogo Hsin-Hua Huang, de la Academia Sinica de Taiwán.

 

La predicción sigue siendo un problema

Hasta ahora, la IA no ha tenido tanto éxito a la hora de abordar otro de los mayores retos de la sismología: pronosticar la probabilidad de futuros terremotos.

El campo de la predicción de terremotos se ocupa de probabilidades generales, como las posibilidades de que se produzca un sismo de magnitud X en la región Y durante el periodo de tiempo Z. Actualmente, los sismólogos crean predicciones de sismos utilizando análisis matemáticos de terremotos pasados, como un método estadístico que se basa en observaciones de cómo los sismos pasados desencadenaron terremotos posteriores. Este enfoque funciona bastante bien para tareas específicas, como comprender cuántas réplicas pueden sacudir una región después de un gran terremoto. Ese tipo de información puede ayudar a las personas que se encuentran en una zona de desastre a saber si es seguro regresar a sus casas o si es posible que se produzcan más réplicas, lo que podría provocar el derrumbe de más edificios.

Pero este tipo de análisis no siempre puede captar con precisión el riesgo sísmico real, especialmente a lo largo de fallas que rara vez producen grandes terremotos y, por lo tanto, no están bien representadas en los registros sísmicos. Los sismólogos están probando algoritmos basados en inteligencia artificial para la predicción de terremotos con el fin de ver si pueden mejorar los resultados, pero hasta ahora las noticias son poco alentadoras. En sus mejores resultados, los análisis de aprendizaje automático son tan buenos como los métodos estándar de predicción de terremotos. “Aún no superan a los tradicionales”, afirma Mousavi, que resumió el estado de la cuestión en un artículo publicado en agosto de 2025 en Physics Today.

En uno de los experimentos más prometedores, Mizrahi ha intentado utilizar la IA para acelerar la producción de pronósticos de réplicas en los minutos y horas cruciales tras un gran terremoto. Ella y un colega entrenaron un algoritmo de aprendizaje automático con el método estadístico más antiguo de predicción de terremotos y luego lo pusieron en marcha por su cuenta para ver cómo funcionaba la IA. Funcionó mucho más rápido que el enfoque antiguo, sin IA, pero aún queda trabajo por hacer. “Estamos evaluando nuestro grado de satisfacción con él”, afirma Mizrahi, que publicó los resultados el año pasado en Seismological Research Letters.

En el futuro, los investigadores esperan acelerar este tipo de análisis de predicción. Otras áreas de la sismología también podrían beneficiarse con el tiempo. Algunas investigaciones preliminares sugieren que el aprendizaje automático podría utilizarse en la alerta temprana de terremotos, por ejemplo, para estimar exactamente cuánto se moverá el suelo en los segundos posteriores al inicio de un terremoto en las cercanías. Pero la utilidad de esto se limita a las pocas partes del mundo que cuentan con sistemas de alerta temprana, como California y Japón.

Park también advierte sobre el peligro de confiar demasiado en las herramientas de aprendizaje automático. Los científicos deben tener cuidado con el control de calidad para asegurarse de que interpretan correctamente los resultados de cualquier análisis de IA, afirma.

Sin embargo, en general, los sismólogos ven un futuro prometedor en el uso de la IA para comprender mejor los terremotos. “Vamos por buen camino”, afirma Mizrahi.

Knowable. Traducción: Debbie Ponchner.

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