La construcción colectiva de soluciones globales
El cambio climático es un hecho. Y los efectos asociados a
él se vienen manifestando de manera cada vez más frecuente, consistente e
intensa. Pero la crisis no es solo climática: a ella se suman otras crisis,
como la de la biodiversidad, la de la contaminación (en los ambientes
terrestres y en los océanos) y la crisis social.
La relación de la sociedad con estas diversas crisis se
expresa de múltiples formas: ante la clara y profunda desigualdad social, son
las personas, los sistemas socioecológicos y los sistemas de producción más
vulnerabilizados los que más sufren los impactos de estos problemas.
La solución para estas cuestiones, por lo tanto, está en el
diálogo. Diálogo entre diferentes actores, con respeto a la pluralidad de la
sociedad, ya sea global o local, en un proceso de co-construcción. Ningún
individuo o sector sobrevive solo y la construcción colectiva de soluciones
dentro del contexto del cambio climático no es algo inalcanzable. Ella no solo
es posible, sino que es una necesidad en los tiempos actuales.
Vivimos un proceso de transformación social a causa del
cambio climático y necesitamos adaptarnos a este nuevo mundo que habitamos, lo
cual solo es posible con el compromiso de la sociedad de una manera
coparticipativa.
Adaptación a los cambios que ya llegaron
Hace poco más de una década, cuando discutíamos sobre el
cambio climático, se hablaba poco de adaptación. El enfoque principal era la
mitigación; al fin y al cabo, al minimizar sus impactos negativos, el cambio
climático quedaría, en cierta forma, bajo control y no habría necesidad de
adaptarnos a un nuevo clima.
Sin embargo, esa ya no es una posibilidad. Ya estamos en una
trayectoria en la que la mitigación por sí sola no será suficiente.
Necesitamos, cada vez más, desarrollar mecanismos para adaptarnos al cambio
climático.
Y fue con ese enfoque que creamos, en el Instituto Nacional
de Investigaciones Espaciales (Inpe), en colaboración con el Ministerio de
Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) y la Red Nacional de Enseñanza e
Investigación (RNP), el Sistema de Informaciones y Análisis sobre Impactos del
Cambio Climático (AdaptaBrasil), una plataforma que consolida y pone a
disposición información sobre los riesgos de impactos que pueden ser utilizados
como estrategia de planificación para acciones y políticas de adaptación.
Brasil ya había propuesto un plan de adaptación en 2016.
Pero, debido a la coyuntura política, ese plan terminó por no avanzar. Desde
2023, el país inició la construcción de un nuevo plan nacional de adaptación de
forma participativa, con el involucramiento de la sociedad y de actores de
varios sectores (público y privado).
Los estudios científicos indican que los eventos climáticos
extremos están aumentando, como días consecutivos de sequía, lluvias intensas,
olas de calor y muchos otros. AdaptaBrasil es una herramienta con datos
abiertos y accesibles que ayuda a los gestores públicos de todo el país a
planificar sus estrategias de reducción de riesgo ante estos eventos climáticos
extremos. Para ello, utilizamos proyecciones climáticas para crear diagnósticos
y análisis de riesgo de los impactos de los eventos climáticos en el presente y
futuro.
Actualmente, la plataforma presenta nueve sectores
estratégicos: recursos hídricos, seguridad alimentaria, seguridad energética,
salud, infraestructura portuaria, desastres geohidrológicos, infraestructura
ferroviaria, infraestructura vial y biodiversidad. Para cada uno de estos
sectores, diversos indicadores componen los riesgos, de forma que producen un
retrato de la situación de cada uno de los 5.570 municipios brasileños, siempre
desde la lente climática.
AdaptaBrasil presenta indicadores para cada sector, y estos
indicadores son referencias importantes para que los municipios evalúen y
mapeen los riesgos a los que la sociedad y los sistemas productivos locales
están expuestos, con especial preocupación por las poblaciones más
vulnerabilizadas.
Por ejemplo, en el sector de la salud: es obvio que combatir
los brotes del mosquito Aedes aegypti es importante para la salud de la
población. Sin embargo, al entender los riesgos que las condiciones climáticas,
como el aumento de temperatura y de lluvias, determinan para la presencia
abundante del mosquito, la gestión local puede trabajar a priori en la
planificación del control integrado del insecto para evitar brotes de dengue en
su ciudad.
Otro ejemplo, ahora en el sector de recursos hídricos. Todo
gestor sabe la importancia del tratamiento de aguas residuales para la salud y
el bienestar de sus ciudades y comunidades. Cuando añadimos la lente climática
al diagnóstico, queda claro que los problemas asociados a la falta de
tratamiento de aguas residuales tienden a exacerbarse en caso de una sequía
intensa. Al fin y al cabo, los desechos se siguen generando y la falta de agua
lleva a una mayor concentración de materia orgánica, comprometiendo el
suministro público, creando condiciones para problemas de salud e impactando la
biodiversidad del cuerpo de agua.
La adaptación y la mitigación no están disociadas. Trabajar
en un frente puede ayudar también al otro. Una planificación urbana que incluya
la creación de parques, por ejemplo, puede ofrecer al mismo tiempo una solución
de adaptación (permitiendo que las personas encuentren confort bajo la sombra
de los árboles en una ola de calor) y de mitigación (al garantizar la
eliminación de CO2 de la atmósfera a través de esos mismos árboles).
Y este camino hacia la mitigación y la adaptación al cambio
climático es también un camino hacia una sociedad más justa y más inclusiva. No
hay dudas sobre la importancia de plantear el discurso de la emergencia y la
urgencia, pero también necesitamos cultivar la semilla de la esperanza: la
Tierra no se está saliendo de su órbita, pero la vida en el planeta va a
cambiar. El gran desafío consiste en lograr la adaptación a un ambiente
diferente que no excluya la vida de nadie, ni la de los humanos ni la de la
biodiversidad planetaria.
The Conversation. Traducción: Horacio Shawn-Pérez
