A favor del holgazaneo callejero


Livia Gershon

Para las mujeres de todo el mundo, las calles urbanas pueden ser lugares hostiles, por razones que van desde los piropos hasta temores bien fundados de asalto violento. Tomando a Mumbai como ejemplo, la académica de estudios culturales y de medios Shilpa Phadke argumenta que las soluciones que las autoridades buscan para este problema a menudo llevan a las ciudades en la dirección equivocada.

En Mumbai y otras ciudades indias, el problema cobró gran importancia alrededor de la época en que Phadke estaba escribiendo en 2013, debido a las brutales y muy publicitadas violaciones en grupo de mujeres jóvenes profesionales. Phadke señala que los casos en los que mujeres de clase media son agredidas por hombres de clases o castas inferiores suelen recibir mucha más atención que la violencia cometida por hombres más ricos o los ataques contra mujeres menos privilegiadas.

En respuesta a las agresiones de alto perfil, algunos funcionarios intentaron limitar la presencia de mujeres en los espacios públicos. Por ejemplo, la ciudad de Gurgaon ordenó a los centros comerciales y otros locales minoristas que dejasen de permitir que las mujeres trabajaran después de las 8 p.m. sin un permiso especial del gobierno. Phadke escribe que esta "solución" tiene menos que ver con una reducción realista del riesgo que con la vigilancia de los lugares considerados apropiados para las mujeres.

"Se podría decir que muchas mujeres están horriblemente inseguras en casa y sin embargo no impedimos que las mujeres estén allí. De hecho, las instamos a estar en ese mismo espacio", escribe.

En lo que respecta al problema relacionado del acoso callejero, muchas mujeres jóvenes describen sus preocupaciones no solo sobre ser insultadas o heridas, sino también sobre amenazas a su reputación. Phadke escribe que temen que su "presencia en calles donde el acoso sexual es probable refleje un cierto tipo de 'audacia' impropia". Las mujeres a menudo expresan preocupación por las "tías" del vecindario que comentan sobre sus apariencias o comportamientos, algo que podría, en última instancia, dañar sus perspectivas de matrimonio.

En contraste con mantener a las mujeres fuera de las calles por su propio bien, otra respuesta a los peligros sexuales es aumentar la vigilancia sobre las poblaciones de hombres considerados peligrosos, que en Mumbai a menudo significa hombres desempleados o mal pagados, migrantes, y de casta baja o musulmanes. Pero Phadke sugiere que una mejor manera de hacer las calles más seguras es fomentar que una diversidad de personas, incluidos esos mismos hombres, se sientan bienvenidas. Por ejemplo, en un barrio de Mumbai, cuando se retiraron a los vendedores de libros callejeros de una esquina, hizo que las mujeres se sintieran menos seguras después del anochecer. Esto fue en parte porque significaba menos ojos vigilando lo que estaba sucediendo en la calle, pero también porque reducía la sensación de que ese era un lugar apropiado para todo tipo de actividades.

En última instancia, Phadke argumenta que "vagar" en la calle —gente jugando, comprando bocadillos, entrando y saliendo de bares, flirteando y, en general, pasando el rato— significa tanto mayor seguridad como una mejor calidad de vida.

"Es importante que sigamos afirmando y reafirmando el valor de deambular sin rumbo y pasar el rato en las calles sin propósito como un medio para reclamar no solo la ciudadanía sino el derecho a la diversión", escribe.

Jstor. Traducción: Horacio Shawn-Pérez

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