Microconvivencia: la normalización de la precariedad


Matthew Wills

Has oído hablar del movimiento de las minicasas, ¿pero qué hay del movimiento de los miniapartamentos? El acceso a la vivienda asequible es un problema en las ciudades de todo el mundo, particularmente pero no de forma exclusiva para los jóvenes. Una de las soluciones de mercado ofrecidas ante esta crisis inmobiliaria ha sido denominada "microconvivencia". Según la Federación Británica de la Propiedad, la asociación comercial del sector inmobiliario del Reino Unido, la microconvivencia se define como "espacios habitables independientes, desarrollos de coliving construidos con ese propósito, y espacios habitables compartidos convertidos y subdivididos". Los geógrafos Ella Harris y Mel Nowicki, quienes citan esta definición, exploran la microconvivencia como "una reformulación de lo que constituye" un hogar ideal y como la normalización de la precariedad que enfrentan quienes buscan un lugar para vivir en las ciudades.

Los desarrollos en París y Barcelona han bajado hasta los 2.4 metros cuadrados. Harris y Nowicki definen la microconvivencia como "espacios habitables que no se ajustan a los estándares mínimos actuales de espacio". Los requisitos de espacio mínimo varían ya que se definen localmente. Los autores escriben que tanto en la ciudad de Nueva York como en Londres el estándar es de unos 37 metros cuadrados para una persona en una unidad de un dormitorio. El primer desarrollo de microviviendas en Nueva York estuvo justo por debajo de eso, con unidades de 33.5 metros cuadrados.

Los desarrollos en París y Barcelona han bajado hasta los 2.4 metros cuadrados, algo similar a los hoteles cápsula que se originaron en Japón y que desde entonces han aparecido en otros lugares (a modo de comparación, una cama de tamaño king tiene un área de casi 4 metros cuadrados).



La idea y la práctica de la microconvivencia se han ido expandiendo y ahora son "una característica de las economías de la vivienda en ciudades como Londres, Nueva York, Buenos Aires, Hong Kong, Dublín, París, Perth y Vancouver", señalan Harris y Nowicki. En otras palabras, la microconvivencia ha aparecido dondequiera que "la vivienda asequible se ha convertido en un problema crónico". Se ha convertido en un nexo de estilo y rentabilidad para las empresas de desarrollo y los propietarios de inmuebles. Este imperativo de "simplemente volverse más pequeño" surge dentro del contexto de "una creciente presión sobre las partes interesadas para encontrar soluciones pero, simultáneamente, una persistente oposición a los modelos de vivienda que desafían las lógicas neoliberales que priorizan la financiarización de la vivienda". La microconvivencia es, por lo tanto, un producto de "expectativas decrecientes y de la cooptación de modelos de vivienda colectiva anticapitalistas para adaptarse a los modelos neoliberales de post-austeridad que buscan el mayor beneficio a expensas de hogares seguros y adecuados".

Como tal, la microconvivencia encaja bien con el análisis previo de Harris y Nowicki sobre la precariedad, que en los últimos años ha "emergido como un concepto clave en las ciencias sociales y políticas". La idea de precariedad proviene de "teóricos políticos como Judith Butler y Lauren Berlant" y "distingue entre la condición precaria, un estado inherente de vulnerabilidad y dependencia resultante de la estructura relacional de la sociedad, y la precariedad, una condición política que es consecuencia de relaciones de poder desiguales y se refiere a la fragilidad de algunos sujetos en comparación con otros".

Harris y Nowicki argumentan que la microconvivencia también aumenta el "desenfoque de los espaciotiempos entre el hogar y el trabajo y la normalización de las condiciones laborales precarias". Esto "reimagina las condiciones de vivienda disminuidas como aspiracionales", algo moderno y genial, el "comidilla" perfecto para las redes sociales. Es otra pieza de "chic de la austeridad", vendida o comercializada como "innovadora, flexible y emprendedora", glorificando a quienes tienen que amontonarse, mientras hectáreas de rascacielos permanecen vacías como inversiones de multimillonarios que viven en otros lugares.

"Más que una solución a la crisis de la vivienda, la microconvivencia consolida muchos de sus problemas [...] en lugar de ayudar a los adultos jóvenes a acceder a una vivienda independiente asequible, ofrece modelos que naturalizan los mundos de vida truncados de la crisis de la vivienda, al extender el alojamiento de estilo estudiantil hacia los mercados de vivienda para adultos".

Jstor. Traducción: Horacio Shawn-Pérez

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