El tráfico vehicular aumenta la delincuencia callejera
Imaginen
una calle concurrida que atraviesa un barrio residencial. El ruido, los gases
de escape, el peligro para los ciclistas y peatones: todas son preocupaciones
familiares. Pero aquí hay una que quizás no hayan considerado: que el tráfico
también puede estar haciendo que su calle sea más propensa al vandalismo, los
robos y la violencia.
Eso es lo
que sugiere nuestra nueva investigación, que utiliza datos de decenas de miles
de hogares en Inglaterra, Escocia y Gales. Descubrimos que cuando el tráfico de
vehículos motorizados aumenta en un barrio, las evaluaciones de los residentes
sobre la delincuencia callejera aumentan.
A primera
vista, no existe una razón obvia por la cual el tráfico deba influir en la
delincuencia. Sin embargo, una mirada más cercana a la teoría de la
criminología revela varias vías plausibles.
El
mecanismo más directo es la vigilancia o tutela: la idea de que la supervisión
diaria por parte de los residentes y los transeúntes ayuda a mantener la
delincuencia bajo control. La influyente urbanista y activista estadounidense
Jane Jacobs llamó a esto, de forma célebre, "ojos en la calle".
Aunque
podría parecer que el tráfico proporciona un suministro inmediato de vigilantes
en forma de conductores, su efecto disuasorio es insignificante. Por el
contrario, el tráfico pesado debilita la vigilancia de múltiples maneras: las
calles anchas y los autos estacionados fragmentan el espacio público y
obstruyen las líneas de visión, es menos probable que los extraños destaquen y,
si el tráfico desalienta las caminatas, hay menos vigilantes auténticos para
vigilar las cosas.
El
tráfico también erosiona el tejido social. Las investigaciones demuestran
sistemáticamente que las calles concurridas debilitan los lazos comunitarios:
los vecinos hablan menos, se cuidan menos entre sí y sienten menos propiedad
sobre los espacios compartidos. Los criminólogos describen la capacidad de las
comunidades para mantener este tipo de lazos sociales y normas compartidas como
"eficacia colectiva". Su ausencia es uno de los predictores más
fuertes de los delitos violentos. El estrés crónico provocado por el ruido y la
congestión del tráfico también es un probable detonante de la agresión y el
comportamiento antisocial.
Por
último, la teoría de las "ventanas rotas" sostiene que el desorden
visible (baches, ruido, basura) es una señal de abandono e invita a una mayor
incivilidad. El tráfico contribuye a todo esto.
En cuanto
a lo que encontramos, para probar estas ideas, utilizamos datos de Understanding
Society, un estudio longitudinal a gran escala que siguió a miles de hogares
del Reino Unido a través de tres oleadas de encuestas entre 2011 y 2018.
De manera
fundamental, el estudio registra tanto las evaluaciones de los residentes sobre
la delincuencia en su zona como las evaluaciones de los entrevistadores sobre
si la calle en la que viven presentaba un tráfico pesado. Debido a que estas
dos medidas se recopilaron por separado, cualquier sesgo compartido en la forma
en que se registran es mínimo. Analizar las propias percepciones de los
residentes, en lugar de los delitos registrados, evita algunos de los sesgos
inherentes a los datos policiales, incluidos la subnotificación y los cambios
en las prácticas de registro. Además de proporcionar una medida estable a lo
largo del tiempo, esto capta lo que los residentes realmente experimentan en
sus calles, incluidos los delitos menores cotidianos que rara vez se denuncian
a la policía.
Utilizamos
modelos de efectos fijos, que comparan a cada hogar consigo mismo a lo largo
del tiempo, eliminando eficazmente las diferencias de fondo entre los barrios
(como la riqueza y la densidad) que de otro modo podrían afectar a la
delincuencia. Esto significa que nuestros hallazgos reflejan lo que sucede
cuando el tráfico cambia dentro del mismo barrio, y no simplemente que las
zonas más transitadas puedan ser más propensas a la delincuencia.
Los
resultados fueron consistentes. Cuando un barrio pasaba de tener un tráfico
bajo a uno alto, las evaluaciones de los residentes sobre el vandalismo
aumentaron alrededor de un 9%, los robos en viviendas un 6% y la violencia un
6,5%.
También
encontramos respaldo para el mecanismo de eficacia colectiva. A medida que
aumentaba el tráfico, los residentes informaron que los vecinos estaban menos
dispuestos a ayudarse entre sí, una medida directa del desgaste de los lazos
comunitarios. Esa erosión de la confianza mutua, a su vez, se asoció con una
mayor percepción de la delincuencia. Para verificar nuestros hallazgos, tomamos
en cuenta las posibles diferencias en la forma en que los entrevistadores
registraron los niveles de tráfico. Estas verificaciones demostraron que
nuestras cifras principales, en todo caso, probablemente subestimen el efecto.
Nuestros
hallazgos se alinean y complementan con estudios recientes que han analizado
directamente esta relación.
Las
investigaciones sobre los barrios de bajo tráfico de Londres (programas que
restringen el tráfico de paso en calles residenciales) descubrieron que su
introducción condujo a una reducción de aproximadamente el 10% en los delitos
registrados. Aquellos estudios utilizaron un diseño cuasiexperimental con alta
validez; el nuestro utiliza un enfoque observacional nacional que puede
aplicarse de manera más amplia. Juntos, constituyen un argumento sólido.
Respecto
a lo que esto significa para las políticas y la prevención del delito, los
barrios de bajo tráfico y las zonas de 20 mph ya están justificados por razones
de seguridad vial, salud y medio ambiente. Nuestros hallazgos añaden la reducción
de la delincuencia a esa lista.
Muchas
estrategias de prevención del delito, como la guía Secured by Design del Reino
Unido para nuevos desarrollos residenciales, han promovido históricamente
diseños que desalientan la accesibilidad de los peatones. Esto tiene como
objetivo dificultar la entrada y el escape de los delincuentes.
Sin
embargo, si la reducción de la transitabilidad empuja a las personas a usar el
automóvil, y los automóviles hacen que las calles sean menos seguras, entonces
esas decisiones de diseño bien intencionadas pueden estar empeorando las cosas
al generar delincuencia en otros lugares. La prevención eficaz del delito debe
tener en cuenta todo el diseño urbano.
The Conversation.
Traducción: Horacio Shawn-Pérez


