La sórdida historia de la nuez moscada
Desde el vino especiado en Navidad hasta los bollos de
Pascua, la nuez moscada se ha convertido en una especia esencial en Europa.
Pero su adopción generalizada, incluso en el tradicional pastel holandés de
desayuno ontbijtkoek, surge a raíz de una sórdida historia de explotación
colonial. Desde el siglo diecisiete hasta el diecinueve, el cultivo holandés de
la nuez moscada y de la macis, una especia relacionada, involucró una de las
muy pocas situaciones históricas donde los esclavos asiáticos trabajaron en
granjas o plantaciones de propiedad europea, según el antropólogo Phillip Winn.
Las islas Banda, que alguna vez fueron la única fuente
mundial de nuez moscada, albergaban entre 13.000 y 15.000 personas hasta su
conquista por la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC) en 1621.
Los aproximadamente mil bandaneses que sobrevivieron fueron esclavizados junto
a otros trabajadores bajo el sistema perkenier, donde cientos de trabajadores
laboraban arduamente en cada plantación (en holandés, perk).
Los bandaneses recién esclavizados no eran simplemente mano
de obra en el perkeniersstelsel; eran los silvicultores y comerciantes
originales de las islas, cuyo conocimiento fue reconocido y utilizado por la
VOC, explica Winn. Los bandaneses esclavizados fueron distribuidos
deliberadamente por las islas para aprovechar su experiencia en el cultivo y la
producción de especias.
Sin embargo, los bandaneses conquistados representaban poco
más de una décima parte de los trabajadores esclavizados. Muchos otros esclavos
provenían de zonas vecinas del archipiélago indonesio, ya que los holandeses
hacían acuerdos con los gobernantes locales para traficar con personas
esclavizadas capturadas en conflictos regionales.
Algunos podrían haber venido de aún más lejos. Un pequeño
niño esclavo negro rebautizado como Januari comenzó su viaje a las islas Banda
cuando fue vendido a un barco holandés, el Amerongen, en el puerto de Surat, al
noroeste de la India, en 1766. Desde allí, el Amerongen navegó hacia el este,
recorriendo las rutas comerciales coloniales alrededor de Java.
Alicia Schrikker especula que Januari pudo haber sido
originario de África Oriental y haber sido llevado a Surat por comerciantes de
Gujarat, aunque no puede encontrar ningún rastro oficial de él ni en el
manifiesto de carga del barco, donde normalmente se listaba a las personas
esclavizadas, ni en los registros de nómina. En cambio, Januari aparece en el
registro histórico porque todavía estaba bajo la custodia del Amerongen en
1769, cuando fue sorprendido semidesnudo en compañía de un joven mayor, un
adolescente holandés blanco que se había alistado como grumete en la VOC.
Aunque Januari probablemente no tenía más de doce años, fue
procesado por sodomía y condenado a trabajos forzados en las islas Banda. Si el
niño sobrevivía a su sentencia de 10 años, señala Schrikker con gravedad, la
VOC probablemente lo vendía a un perkenier, un plantador, para quien habría
trabajado como esclavo en las plantaciones de nuez moscada por el resto de su
vida.
El sistema perkenier se distingue por desdibujar los
intereses de la VOC y de la clase de los plantadores. Por ejemplo, los
administradores de las plantaciones pueden haber tenido una actitud más
despreocupada hacia la vigilancia de sus esclavos porque consideraban que los
fuertes holandeses cercanos eran responsables de los esclavos de propiedad
pública arrendados por la VOC a los perken, sugieren David Carlson y Amy
Jordan.
Los perkenslaven, que eran asignados por la VOC en cuotas a
plantaciones individuales, trabajaban junto a esclavos privados que los
plantadores compraban para su uso personal. Hacia el final del sistema
perkenier en la década de 1860, a las personas esclavizadas también se unieron
trabajadores bajo contrato de servidumbre.
Al mismo tiempo, los plantadores podían ordenar a los
perkenslaven que cultivaran verduras y otros productos para sus propios hogares
y negocios, en lugar de cultivar nuez moscada como pretendía la VOC.
En última instancia, resulta difícil separar el uso de la
mano de obra esclava en apoyo de la producción de especias de aquella que
servía a las economías domésticas, escribe Winn.
De hecho, los recintos de los perk podrían haber sido
diseñados para que los plantadores exhibieran a los esclavos domésticos ante
los visitantes, ya que la mera presencia de esclavos como un grupo subordinado
al dueño podría haber servido como una demostración de su riqueza material y
prestigio, escriben Carlson y Jordan.
La estructura del perkenier difiere significativamente de
cómo se practicaba la esclavitud de plantación en el Caribe y el sureste de los
Estados Unidos, lo que indica, escriben Carlson y Jordan, que el paisaje de las
plantaciones de Banda es considerablemente distinto a los que se encuentran en
otros lugares del mundo.
Los académicos señalan que la mezcla forzada de individuos
de diversos orígenes ha dejado una huella indeleble en la cultura de las islas
Banda. Muchas esposas de los perkeniers eran locales, y algunas eran incluso
mujeres anteriormente esclavizadas, que podrían haber llegado a poseer esclavos
propios. La hibridez cultural se intensificó por el uso doméstico del malayo
moluqueño criollo.
Los propios bandaneses utilizan ahora el término campur
(mezcla/fusión) al describir su distintivo malayo, pero también como una
expresión de autodescripción en la frase orang campur, escribe Winn. Ser
bandanés (Orang Banda) hoy en día es también ser un orang campur, una
yuxtaposición que altera las narrativas nacionales de identidades étnicas
estáticas y regionalizadas.
Jstor. Traducción: Maggie Tarlo
