Etnografías de Halloween
Si fueras un extraterrestre y vinieras a observarnos a los
terrícolas durante una semana a finales de octubre, ¿te dejaría boquiabierto
Halloween?
Aquí en Estados Unidos, Halloween fusiona el festival celta
de Samhain, que celebra la cosecha de otoño, la víspera cristiana de Todos los
Santos y el consumismo moderno, creando una embriagadora mezcla de excesos con
dulces que culmina un ritual de un mes de duración, con planificación, compras
y decoración con muchísimos adornos de plástico. Además, algunos
fundamentalistas se niegan a que sus hijos participen, y en algunos lugares es
una excusa para la brujería ("Noche Infernal") o incluso para
provocar incendios.
Resulta lógico que los antropólogos estén ansiosos por
sumergirse en un material tan rico. Cindy Dell Clark no defrauda en su estudio
sobre niños de seis y siete años y sus padres a principios del siglo XXI: “Halloween
genera laberintos de significado en los que el mal y la mortalidad se
justifican y se ponen de relieve; tales anomalías obligan a los niños a
elaborar activamente retorcidas interpretaciones del significado”. Mientras
tanto, los adultos “parecen empeñados no solo en moldear a los niños, sino
también en otras misiones simbólicas en las que niños y mayores se influyen
mutuamente”.
Para los niños pequeños, Halloween puede ser realmente
aterrador: se supone que deben hacer cosas que normalmente no se les permiten,
como hablar con desconocidos y pedirles cosas a los adultos ("truco o
trato"). Se espera que los niños actúen como adultos, los adultos como
niños, disfrazándose y representando juegos en una inversión de roles que
ocurre una sola noche al año, idealmente recompensada con cantidades obscenas
de dulces para los niños y quién sabe qué para los adultos.
Uno de los puntos que Clark plantea es la nostalgia que
sienten los adultos por este ritual vespertino otoñal. Evidentemente, era mucho
más inocente entonces, aunque la fecha exacta de ese "entonces" puede
ser discutible. En la década de 1970, por ejemplo, se produjo un auge de
historias sobre el "sadismo de Halloween". Joel Best y Gerald T.
Horiuchi analizaron este tipo de noticias entre 1958 y 1983 y llegaron a la conclusión
de que las amenazas sobre dulces envenenados o con trampas eran "muy
exageradas". Detallan cómo estos mitos urbanos (es decir, ¿cómo podría
alguien esconder una navaja en una manzana?) se crean y perpetúan en tiempos de
estrés y ansiedad social.
¿No les apetece simplemente tomarte un respiro y dar rienda
suelta a tu lado más extravagante? El folclorista no muerto Jack Kuglemass nos
ofrece una historia y una etnografía del desfile de Halloween de Greenwich
Village, "la respuesta neoyorquina al Mardi Gras", que merece la pena
leer tan solo por su descripción de los asistentes.
Jstor. Traducción: Clara Veldrán.
