Etnografías de Halloween


Matthew Wills

Si fueras un extraterrestre y vinieras a observarnos a los terrícolas durante una semana a finales de octubre, ¿te dejaría boquiabierto Halloween?

Aquí en Estados Unidos, Halloween fusiona el festival celta de Samhain, que celebra la cosecha de otoño, la víspera cristiana de Todos los Santos y el consumismo moderno, creando una embriagadora mezcla de excesos con dulces que culmina un ritual de un mes de duración, con planificación, compras y decoración con muchísimos adornos de plástico. Además, algunos fundamentalistas se niegan a que sus hijos participen, y en algunos lugares es una excusa para la brujería ("Noche Infernal") o incluso para provocar incendios.

Resulta lógico que los antropólogos estén ansiosos por sumergirse en un material tan rico. Cindy Dell Clark no defrauda en su estudio sobre niños de seis y siete años y sus padres a principios del siglo XXI: “Halloween genera laberintos de significado en los que el mal y la mortalidad se justifican y se ponen de relieve; tales anomalías obligan a los niños a elaborar activamente retorcidas interpretaciones del significado”. Mientras tanto, los adultos “parecen empeñados no solo en moldear a los niños, sino también en otras misiones simbólicas en las que niños y mayores se influyen mutuamente”.

Para los niños pequeños, Halloween puede ser realmente aterrador: se supone que deben hacer cosas que normalmente no se les permiten, como hablar con desconocidos y pedirles cosas a los adultos ("truco o trato"). Se espera que los niños actúen como adultos, los adultos como niños, disfrazándose y representando juegos en una inversión de roles que ocurre una sola noche al año, idealmente recompensada con cantidades obscenas de dulces para los niños y quién sabe qué para los adultos.

Uno de los puntos que Clark plantea es la nostalgia que sienten los adultos por este ritual vespertino otoñal. Evidentemente, era mucho más inocente entonces, aunque la fecha exacta de ese "entonces" puede ser discutible. En la década de 1970, por ejemplo, se produjo un auge de historias sobre el "sadismo de Halloween". Joel Best y Gerald T. Horiuchi analizaron este tipo de noticias entre 1958 y 1983 y llegaron a la conclusión de que las amenazas sobre dulces envenenados o con trampas eran "muy exageradas". Detallan cómo estos mitos urbanos (es decir, ¿cómo podría alguien esconder una navaja en una manzana?) se crean y perpetúan en tiempos de estrés y ansiedad social.

¿No les apetece simplemente tomarte un respiro y dar rienda suelta a tu lado más extravagante? El folclorista no muerto Jack Kuglemass nos ofrece una historia y una etnografía del desfile de Halloween de Greenwich Village, "la respuesta neoyorquina al Mardi Gras", que merece la pena leer tan solo por su descripción de los asistentes.

Jstor. Traducción: Clara Veldrán.

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