Las malas hierbas
A simple vista, las malas hierbas y las flores silvestres no
parecen diferir mucho, ya que ambas son categorías de plantas que crecen sin
intervención. Pero por lo general se perciben de manera muy diferente: las
malas hierbas son una molestia, mientras que las flores silvestres pueden ser
más deseables. En un estudio, el autor Neil Clayton explora cómo se han
definido las malas hierbas a lo largo de la historia, demostrando que la
humanidad a menudo ha definido la naturaleza de muchas más formas que la
taxonomía, lo que puede tener sus consecuencias.
Si bien las malas hierbas a menudo se han examinado en un
contexto científico o geográfico, con frecuencia se han explorado menos desde
la perspectiva histórica o cultural. A pesar de esto, la definición y el
discurso que rodean a las malas hierbas se pueden encontrar a través de
diversas culturas y períodos de tiempo. Clayton define el problema en cuestión
de forma sencilla: “’Malas hierbas’ y ’maleza’ son dos ideas que se han
construido y reconstruido a lo largo de milenios. La flora que ha llegado a
llamarse mala hierba y nosotros, la especie que la ha llamado así, hemos estado
disputando lugares durante unos diez mil años”.
Para estudiar cómo se han definido las malas hierbas a lo
largo de la historia, Clayton consultó textos que van desde antiguas
civilizaciones hasta escritos más modernos de herbolarios, naturalistas y otros
autores.
En general, se podría pensar que se puede determinar qué es
una mala hierba a simple vista. Clayton da el ejemplo de un agricultor del
Medio Oeste estadounidense que puede considerar las malas hierbas como plantas
que le quitan espacio o ganancias a la agricultura. Pero no siempre ha sido tan
simple.
Históricamente, las culturas egipcia, sumeria y asiria no
tenían una palabra equivalente para “mala hierba”, porque todas las plantas se
consideraban útiles. Los griegos, sin embargo, tenían una palabra para categorizar
las malas hierbas como “hierbas nocivas”. De manera similar, Plinio y Virgilio
tenían palabras para describir las malas hierbas en sus textos, pero no existe
una palabra directa en latín. En la Biblia, las malas hierbas se utilizaron
como parábolas en el Antiguo Testamento, comparando el afán de la vida con “una
batalla contra las malas hierbas”.
Por otro lado, la otredad podía resultar atractiva. Los
poetas británicos románticos de los siglos XVIII y XIX a menudo preferían los
jardines silvestres sobre los bien cuidados. También elogiaban con frecuencia a
las malas hierbas agrícolas comunes por su belleza. El escritor inglés John
Ruskin se refirió a los jardines como “algo feo en comparación con la
naturaleza salvaje”. En un contexto metafórico similar, Thoreau escribió
famosamente sobre los prados y bosques como la verdadera naturaleza.
Las definiciones más modernas continuaron vinculando las
malas hierbas con la agricultura o con lo indeseable. En general, estas
clasificaciones resultan reveladoras: “Estas síntesis nos dan una medida
aproximada de dónde y cuándo algunas plantas se convirtieron en el Otro, y de
dónde y cuándo la humanidad, al menos en Occidente, comenzó a conceptualizar y
articular la condición de mala hierba”.
También existen diferencias en las definiciones modernas. El
director de los Jardines de Kew en Londres en la década de 1960 definió las
malas hierbas como “plantas donde no las queremos”. De manera similar, la
agricultura moderna en Nueva Zelanda señala a las malas hierbas como obstáculos
para la agricultura y la producción, destacando que incluso las especies no
nativas pueden ser preferidas si resultan más productivas.
En última instancia, al explorar la historia y las diversas
visiones sobre las malas hierbas, Clayton se centra en una conclusión: “Cualquiera
que sea la Otredad que puedan poseer las malas hierbas, es el resultado del
artificio humano”.
Jstor. Traducción: Horacio Shawn-Pérez

