Así es como National Geographic conquistó el mundo
¿Cómo llegó la Sociedad Geográfica Nacional a convertirse,
en palabras de la historiadora Susan Schulten, en “una de las fuentes más
ubicuas de información e imágenes sobre el mundo en la cultura estadounidense”
durante el siglo veinte?
Según detalla Schulten, la Sociedad se formó en Washington,
DC, en 1888, con treinta y tres académicos y científicos liderados por el
acaudalado abogado Gardiner Greene Hubbard. A través de conferencias y de la
revista de la organización, la Sociedad funcionaba como “un centro de
intercambio para la investigación y exploración geográfica, especialmente la
realizada por el gobierno federal”. Su revista era esencialmente una
publicación académica y se desaconsejaba el uso de imágenes. Después de una
década, la membresía de la Sociedad rondaba los mil integrantes y la
organización tenía una deuda de aproximadamente 2000 dólares.
La Guerra Hispano-Estadounidense (1898) transformó la
revista. Ayudó el hecho de que una segunda generación de líderes pasara al
frente en el mismo período. Tras la muerte de Hubbard en 1897, su yerno, el
famoso inventor Alexander Graham Bell, se hizo cargo. Junto con su propio
yerno, Gilbert H. Grosvenor, Bell impulsó a la Sociedad hacia una membresía más
amplia y no especializada, y se subió a la ola imperialista (Grosvenor fue
editor, presidente y finalmente director de la junta durante un mandato que se
extendió hasta 1966).
En 1905, la revista empezó a publicar muchísimas fotos. Para
1910, cuando el título de la publicación pasó a ser The National Geographic
Magazine, la mitad exacta de los contenidos eran fotografías. Mientras los
geógrafos profesionales “luchaban por asegurar incluso un pequeño nicho en las
nuevas universidades estadounidenses”, señala Schulten, la Sociedad “logró
crecer a pasos agigantados a principios del siglo veinte”. La circulación
mensual alcanzó los 170.000 ejemplares en 1913 y el millón en 1926.
Originalmente un complemento privado del gobierno federal
que forjaba una conexión directa entre el conocimiento geográfico y “la salud
de la propia nación, una condición previa para un nacionalismo vigoroso”, la
misión de la Sociedad se potenció enormemente después de la Guerra
Hispano-Estadounidense. La decisiva victoria estadounidense en esa guerra dio
como resultado un imperio extenso, desde Cuba y Puerto Rico en el Caribe hasta
Filipinas y Guam en el Pacífico.
Para la Sociedad, escribe Schulten, la guerra “le dio al
Geographic la estimulante oportunidad de cubrir eventos internacionales y
defender las metas de la nación en el extranjero, al mismo tiempo que acercaba
a sus lectores los territorios exóticos y potencialmente enriquecedores de la
nueva órbita estadounidense. Al aprovechar esta oportunidad, el alcance de la
revista se amplió de manera efectiva para incluir no solo la investigación
geográfica, sino también cuestiones políticas y comerciales relacionadas con la
nueva postura internacional de la nación”.
Los territorios recién anexados, que no se mencionaban en la
revista antes de la guerra, fueron cubiertos repetidamente después de ella. La
edición de abril de 1905 sobre la “cultura, política y riqueza de recursos de
Filipinas”, ilustrada con 32 páginas de fotos, fue “tan popular que tuvo que
volver a imprimirse para satisfacer la demanda”. Para entonces, la Guerra
Filipino-Estadounidense —en la que Estados Unidos utilizó torturas, tácticas de
tierra quemada y campos de concentración— había resultado en el aplastamiento
de una Filipinas independiente, aunque la Rebelión del Moro continuó hasta 1913.
En 1899, solo tres de los catorce miembros de la junta de la
Sociedad trabajaban fuera del gobierno. Al no tener corresponsales en el
extranjero, la revista dependía de la información de las agencias
gubernamentales. Los mapas provenían directamente de fuentes oficiales o se
modelaban a partir de los trazados por el Departamento de Guerra o el Cuerpo de
Ingenieros del Ejército. “En general”, escribe Schulten, “los hombres detrás
del Geographic estaban ansiosos por emplear sus habilidades al servicio del
Estado”.
Demás está decir que la Liga Antiimperialista
Estadounidense, con Mark Twain como su miembro más prominente, “encontró poca
simpatía” en las páginas de la Sociedad. Mucho antes de que Henry Luce, de Time
Inc., acuñara el término “Siglo Estadounidense”, la revista National Geographic
lo estaba distribuyendo en millones de buzones.
En su punto máximo a fines de la década de 1980, alrededor
de 13 millones de suscriptores recibían la revista cada mes. Con el declive de
la versión impresa en la era digital, la revista, cuya propiedad mayoritaria
pertenece ahora a Disney, ya no es ubicua, pero “National Geographic” sigue
siendo una marca de medios potente. En Instagram, por ejemplo, NatGeo es la
tercera cuenta sin celebridades más popular.
Fuente: Jstor. Traducción: Horacio Shawn-Pérez
